Daisy López Nunci

 

 

 

 

 

Presencia india:

Poemas

 

 

 

 

 

Poema en cuatro movimientos

 

Primer movimiento

 

Sobre el tambor rojo de la tarde

las manos indias de la mujer

no suenan.

Esperan su hora,

y su tambor, y su barro

para descruzarse

y mover sonidos.

 

Segundo movimiento

 

Sobre la montaña que circunda el templo

los pies del areyto

su compás esperan.

Pies indios bejucos

que se arrastran lentos

cubriendo ...

cubriendo ...

cubriendo la tierra,

 

Tercer movimiento

 

Sobre quieta isla que hamaca un taíno

el cuerpo cobrizo su dolor recuesta.

Y tiemblan los ojos sin cristal ni barro

cerrados al siglo por la mano férrea.

 

Cuarto no-movimiento

 

Un cuerpo.

Sin barro.

sin color,

sin forma.

Tambor y bejuco;

sin compás,

sin tiempo.

Yukiyú en el monte,

sin cemí,

sin dujo.

Una mujer india,

sin raza,

sin Isla.

                               Daisy López Nunci

 

 

Motivo de la siembra y del mañana

 

La mujer,

amarró la soledad que le llenaba el cuarto hasta el techo

y salió a caminar con paso nuevo.

_Haz el camino blando, Isla

que la mujer va dolida

de apuntalar auroras siempre iguales.

 

La mujer,

doblada sobre el tiempo,

traza surcos pequeños

 con el guanín de oro de la tarde.

 

_Haz el terreno blando, Isla,

que la mujer surca sola

y hay ausencia de manos en su ruta.

 

La mujer,

esparciendo semillas,

ve la noche treparse por los montes

y aprieta sobre el pecho su fatiga.

_¡Un dujo, Cacique, un dujo para ella!

que espera a los naborias

que mañana vendrán por la cosecha.

                               Daisy López Nunci

 

 

Jornada para un solo camino

 

La mujer,

con el tiempo bajo el brazo,

aquél y este tiempo,

se desprendió del eco que gritaba:

                          _¡Izquierdaderecha!

atascado en los caminos rotos.

 

Amasó las jornadas inconclusas

con surco y árbol, mar y monte.

Se echó el alma partida en dos a la espada

y se dio a las distancias

que iban desde el indio

al hombre nuevo.

A golpe de azada

hizo un solo camino.

Y puso en el final

sus manos rotas

-sobre un dujo-.

 

(Para cuando lleguen los hombres

-polvo y sangre-

la mujer,

desde el tiempo,

siembra maguey para hamacas

y yuca para casabe.

                                                                                                                                                  Daisy López Nunci

 

 

La verdad existencial

 

Soy Yo.

Pero vengo hace siglos

caminando la tierra

con la última nota

de mi flauta de hueso

y mi cuenco vacío extendido hacia América.

 

 

Hoy soy desde otro tiempo.

-Universal y sola-

-imprecisa y antigua.-

Desdoblando los ecos inmutables y fijos

de la consciencia cósmica.

 

Soy Yo.

Vertical en el suelo.

Plural en las distancias,

ilimitada en tiempo,

integrada en las razas.

(Rodando por el orbe la nota inacabada

de una flauta de hueso absorta y desvelada.)

 

Soy Yo.

Con mi carga de luz en la mochila vieja.

Guardando 5 siglos

-sacerdotisa eterna-

con mi cuenco vacío extendido hacia América.

 

Soy Yo.

Pucarae de los incas

vigilando las rutas

de las presencias nuevas.

-Petrificada y sola

oteando las distancias-

(Estrategia viviente

de las horas descalzas.)

 

Soy Yo.

Monolito de piedra sosteniendo la historia.

(Chilam Balam antiguo desdibujando sombras.)

¡Alta y piramidal!

¡Máyica y transparente!

Alargando las horas del viejo calendario

de canutos de oro y siglos abreviados.

 

Soy Yo.

Zipa que se eterniza en el lago sagrado.

(Escultural arcilla de reflejos dorados.)

Espejo de las aguas

que pluraliza el cielo,

amontonando soles

en cristales de hielo.

 

Soy Yo.

Cemí que se recuesta en el monte lejano.

(Areyto que se aindia en el suelo escanciado.)

Yukiyú que en la piedra

se endurece en el canto.

¡Puntal para los hombres

de los cuerpos de barro!

 

Soy Yo.

La última en el tiepo.

Con mi carga de luz

y mi cuenco vacío extendido hacia América.

¡Plural en la distancia!

¡Plural en la consciencia!

INDIA-

             FLAUTA-

                     MUJER.

                                   ¡PLURAL!

                                               ¡PLURAL!

                                                            ¡PLURAL!

                                                                                             Daisy López Nunci

 

 

 

 

Los monólogos de Atabei

 

Monólogo 1

La Creación

(Guamí-carayá-güey)

 

Yo siempre había existido.

Desde todos los tiempos.

Habitaba en la luz primigenia del astro donde dormía   mi raza.

(Diosa de luz y sombras moraba en los espejos.)

 

 

En la consciencia cósmica mi corazón latía

como pájaro inquieto.

-Era un grito callado

          que rodaba sin alas

                           por el cristal del tiempo.

En el hueco de luz que ahuecaba mi pecho

el rumor de unos pasos despertaba el silencio.

(Por mis venas corrían estrellas desveladas

pulsando mis arterias como tambores huecos.)

....................

Un dia solté la vida de pasos luminosos y raíces al aire.

Me sentí florecida:

                de albas recién creadas,

                    de espejos rumorosos,

                         de coquíes sensitivos

                                   de cemíes silenciosos.

Por el túnel de luz de mi flauta de hueso

pájaros invisibles iniciaban el vuelo.

 

 

 

 

Así llegó la vida.

Sobre la tierra parda arrojé mis espejos

como chispas de luz de místicos reflejos.

Sueño de irrealidades

          que en extraño alarido

                        le arranqué al Universo.

Todo estaba cumplido.

El indio era en el tiempo.

 

 

 

 

 

 

Monólogo 2

El Tránsito

(Yukiyú-jan Juracán-uá)

¿Quién camina en la luz del astro entumecido

que reposa en mi pecho?

¿Quién busca la raíz de los siglos dormidos

en mi flauta de hueso?

Por el silencio azul de mi sueño despierto

se enredan los bejucos que tiemblan en el suelo.

(Largos hilos de vida

                 que hasta mí levantaban

                  el sollozo impreciso

                                   de los tambores huecos.)

....................

¿Dónde vas Yukiyú por el batey desierto?

_Oigo un rumor de alas

               desangrando su vuelo.

¿Dónde vas Yukiyú por los surcos abiertos?

_Escucho las raíces

               rodando por el viento.

¿Dónde vas Yukiyú por los montes inciertos?

_Oigo los caracoles

                  temblando en el silencio.

Por el rayo de luz de mi flauta de hueso

el Yucayeque asciende tembloroso a mi pecho.

(El alba de los campos parpadea en el silencio.)

Lento ...

                                          largo el camino de vuelos fracturados

                   que recogía mi cuenco.

(Irreal procesión de cristales sangrantes

por la senda de luz de mi vasto Universo.)

...................

¡Guacar de las cavernas!

¡Guacar de los silencios!

¡Guacar de las codicias!

¡Guacar de los guerreros!

¡Guacar! ...

               ¡Guacar! ...

                           ¡Guacar! ...

¿Qué le hiciste a mi pueblo?

 

Monólogo 3

Lo Eterno

(Jan-jan catú)

 

Aquí estoy.

Con la piel blanquecina por mis siglos de llanto.

Detenida en el surco como semilla hueca.

Vertical.

               Inexacta.

Con los brazos caídos y las pupilas secas.

_¡Yo que era un canto al ave

               de vuelo suspendido

                                   entre el cielo y la tierra!

_¡Que me rompí una tarde

         como nido de luz

                              para poblar la tierra!

Soy anfora vacía

ahuecada ...

             dispersa ...

¡Honda raíz sin sabia amortajando estrellas!

Transparente,

          imprecisa,

                     desindiada,

                                 imperfecta.

Horizontal enigma.

                    Vertical apotegma.

Sin embargo ...

          me encuentro ...

En la mujer de ahora

que recibió su tiempo

juntando petroglifos

en el sudor del viento.

 

Sin embargo ...

          me encuentro ...

En el ángulo oscuro

del cemí que dibuja

la figura precisa

del ser puertorriqueño.

(Soy la Raza-raíz que recorre la tierra

        enredada en el paso

                                      de las presencias nuevas.)

                                       Daisy López Nunci

 

 

 

Canción para el ayer

 

         Lema: Caminé tantas lunas, tantos soles, ...    

para vivir por siempre el mismo tiempo.

 

Para volver al tiempo donde anduve

con el alma descalza en un bohío,

detuve el breve paso

de la luna

y me fui cuesta arriba con el río.

 

 

 

Y vibró mi raíz sobre la tierra.

-Hay conucos de sol en la mañana-

y el olor del casabe

por el viento

se hizo aroma de paz por la sabana.

 

Y se dobló la Isla un breve instante

y me trajo en las manos mi bohío.

El camino de tierra, ante mi paso,

abrió el moriviví del tiempo mío.

 

Sombra larga de ausubo por el monte,

-silencio y resplandor por el batey-

la luna entre algodones

hila naguas,

tiemblan los ojos largos del maguey.

 

_¿Dónde vas, Atabey, con esa flauta

amontonando luces por el viento?

¿No presientes el grito de tu raza?

¿No tiembla en los bejucos un lamento?

 

Y la diosa de luces y de sombras

de yucayeques albos sobre el suelo,

cumplió con el mandato

de los siglos

y envió a Yocahú desde los cielos.

 

Y un revuelo de voces cristalinas

se hizo danza en las noches del areyto.

Y desde el fondo oscuro

de una yagua

un coquí pensativo se hizo rezo.

 

Desde el ojo redondo de mi sueño

una higüera amontona sus pesares,

la noche

es un conuco

sin estrellas;

silencio de tambor en los manglares.

 

¿Dónde fue Yocahú que no lo escucho?

¿Adónde fue Atabei que no la siento?

El güiro

es una escala

sin sonido,

una maraca rueda en el silencio.

 

Y el tiempo se detuvo. Larga sombra

de taíno ascendiendo por el viento.

La mano de Atabei

soltó la flauta;

en su hueco de luces duerme el pueblo.

 

Y hubo una soledad como al principio.

La luz se hizo tiniebla en mi bohío.

Eché a rodar

el paso

de la luna

y me fui cuesta abajo con el río.

 

Algo

quedó de mí

por aquel tiempo

que resuena en el pulso de la tierra:

la raíz

de mi ser

en los conucos

y mi canción taína por las ceibas.

 

Y me traje al regreso del bohío

un areyto de luz

en la memoria,

un güiro donde el pueblo se eterniza

y una raza de sol

para la historia.

                           Daisy López Nunci