Daisy López Nunci

 

Primer poema premiado  (1967)

 

 

 

 

 

 

 

Hombre y montaña

                        Lema: Hombre y montaña:

                           alma y patria

 

Figura de hombre baja la montaña.

(El camino tiene resplandor de azada.)

Décima en los labios, décima en el alma,

bajando, bajando las notas se escapan.

(La tarde serena, tarde borincana

un hilo de plata colgó de la azada.)

 

El hombre, anhelante, bajó la montaña.

(La décima a un árbol se quedó colgada.)

El cristal del río, meciendo esperanzas,

mira como el hombre a lo lejos marcha.

(La tarde callada su pena derrama

porque en una esquina se quedó la azada.)

 

Por la calle estrecha, llena de pisadas,

un hombre cansado,

 de mirada vaga;

camina.

(A su espalda lleva sombra de una azada.)

 

Notas revoltosas de una melodía

le rozan el alma.

Con paso cansado, avanza.

(Décima en el alma lleva acurrucada.)

 

Los ojos del hombre, llenos de ciudad,

al mirar la tarde no tienen bondad.

A sus pies se tiende la calle asfaltada

sin sombras, ni trinos ...tan solo pisadas.

(Allá en la montaña un camino verde

guirnalda de flores en silencio teje.)

 

El paisaje abruma

gigantescas moles,

vetustas y pardas,

aprisionan hombres.

(La paz de los cerros sonríe desde arriba

desde la distancia el hombre la mira.)

 

El aire viciado

el pecho le oprime,

por los laberintos

la nostalgia gime.

(La tarde campestre, tarde borincana,

juega con la brisa que canta en las ramas.)

 

El hombre camina, el sol inclemente,

le clava en la espalda su puñal ardiente;

los ojos se cierran, el paso vacila,

en roja fogata la ciudad oscila.

(Allá en la montaña, bordado de hojas,

pensativo, un árbol, dibuja una sombra.)

 

Figura de hombre sube la montaña.

(La noche, entre sombras, ocultó la azada.)

Décima en los labios, décima en el alma,

subiendo, subiendo, coquíes le acompañan.

(La luna en lo alto, luminosa y clara,

sobre la montaña cincela una azada.)

 

La brisa nocturna, perfumada y suave,

esparce el aroma de los naranjales.

Subiendo va el hombre que lleva en el alma

un rezo, un anhelo; décima y montaña.

(La tierra, en silencio, oscura y mojada

presintiendo siembras, en los surcos canta.)

 

Un rayo de luna la figura baña.

Se detiene el hombre.

El coquí no canta.

Silencio.

(Pureza divina tiene la montaña.)

 

Los ojos del hombre, tranquilos, serenos,

llenos de esperanza se vuelven al cielo.

La mano criolloa, mano borinqueña,

trémula y amante, se posó en la tierra.

(Prendida a una lágrima que lenta resbala,

una blanca estrella bajó a la montaña.

                    Daisy López Nunci

 

 

Breve análisis del poema

(Fragmento de "La voz lirica de Daisy Lopez Nunci", por el Dr. Ramon Zapata Acosta)

 

    "El poema “Hombre y montaña”, no recogido en libro, premiado, como dijimos en 1967, ya presenta el tema de lo puertorriqueño, del paisaje, de las labores, del hombre campesino que ama a su tierra, pero emigra hacia el Norte. Al emigrar a la gran urbe le invade la nostalgia, y en significativo contrapunto de hexasílabos y dodecasílabos, hay contraposición entre lo de aquí y lo de allá:

 

    “El paisaje abruma;

     gigantescas moles

    vetustas y pardas

         aprisionan hombres.

                                     (La paz de los cerros sonríe desde arriba,

                                     desde la distancia el hombre la mira.)”

 

Lo de aquí, dado en forma impresionista y en parte como claroscuro, es la montana, la décima, la azada, los naranjales, el coquí. El campesino se sugiere, deja lo que allá y vuelve a la comunión con su paisaje."