Daisy López Nunci

Poemas para los Maestros

 

Ser Maestro

Ser Maestro ... es llevar a Jesús en la mirada,

subir por una senda iluminada,

tener en las pupilas la dulzura

del Maestro de amor y de ternura.

 

Ser Maestro ... es laborar constante y con empeño

realizar en la vida grandes sueños,

es ir dejando por oscuras sendas

un poco del fulgor de las estrellas.

 

Ser Maestro ... es hacer de la escuela nuestro Templo,

de humildad y saber, ser el ejemplo,

es trazarle un sendero a cada niño

donde brille la fe y halle cariño.

 

Ser Maestro ... es sembrar esperanzas, cultivarlas,

y con sabias palabras alentarlas.

Es poner en los niños el anhelo

infinito y ardiente de ser buenos.

 

Ser Maestro ... es olvidarse un poco de sí mismo

y darse a los demás, sin egoísmos,

es decir al final de cada día:

"Hoy he sido, Señor, como debía."

                  Daisy López Nunci

 

 

 

Sé así, Maestro

Como ese amanecer que cada día

se transfigura en luz sobre los montes

y borra esa impresión de lejanía

que se siente al mirar el horizonte.

 

Como ese árbol que se eleva al cielo

(quimera vertical que siempre asciende)

sombra de amor bordada sobre el suelo

que en mensaje de paz sus ramas tiende.

 

Como ese río, que al pasar cantando

en un inquieto afán, todo lo baña

y en un dulce susurro va cantando

la emoción de cristal de la montaña.

 

Como esa gota transparente y pura

que la noche al pasar dejó en la rosa,

como rastro de luz y de ternura

que hace eterno el recuerdo de las cosas.

 

Sé así, maestro, que tu vida

sea riachuelo de amor, canción constante,

lámpara de saber siempre encendida,

maestro a cada hora, a cada instante.

                   Daisy López Nunci

 

 

Tríptico

Una Isla ...

Un maestro ...

Un niño que aprendía ...

(Por la ventana abierta el tiempo sonreía.)

 

Una voz ...

Un mensaje ...

Un sueño que nacía ...

(Un filo de horizonte interrogaba al día.)

 

Un ansia ...

Una respuesta ...

Una lámpara ardía ...

(Un vuelo de palabras las alas distendía.)

 

Una luz ...

Un empeño ...

Una flor que se abría ...

(Una fragua encendida misterior desleía.)

 

Una Isla ...

Un maestro ...

Un niño que aprendía ...

(Una eterna esperanza espigaba en el día.)

                         Daisy López Nunci

 

 

Por qué soy maestro

Yo soy maestro por la vida misma ...

porque hace falta quien descubra al alma

el impulso vital que mueve al hombre

y el misterio que encierran las palabras.

 

Yo soy maestro porque en cada aurora

hallo un temblor de luz que me renueva,

y me transmuto en alba con el niño

que camina conmigo hasta la idea.

 

Yo soy maestro porque sueño a veces

con un mundo mejor para mañana,

y me se forjador del hombre nuevo

y en mi voz vibra un eco de esperanza.

 

Yo soy maestro por amor, ... es todo

y amo al niño que ríe y al que canta,

y amo al niño que vive en el silencio

y al niño inmóvil, y al que en sombras pasa.

 

Yo soy maestro porque en cada ocaso

desprendo del cansancio y la fatiga,

un pétalo de luz por cada niño

que es un perdón de Dios para mi vida.

                     Daisy López Nunci

 

 

En el Día del Maestro

I.

El niño salió a la calle

para buscar la palabra.

 

Los hombres llevaban prisa.

 

Y la pregunta pequeña

quedó temblando en el viento

sin que nadie la escuchara.

 

El niño dobló la angustia

que se asomó a su mirada.

 

II.

La brisa trajo los ecos

de las palabras más blancas

en un prodigio de luces

y un revuelo de campanas.

 

A la tristeza del niño

no se asomó la palabra.

 

La tarde llenó el ocaso

de voces ananjadas.

(El filo del horizonte

trazó líneas sobre el agua.)

El niño aquietó la angustia

que en su cabeza aleteaba.

 

La montaña se hizo cuna

para el niño que lloraba;

sobre el verde de su pecho

trazó líneas sin palabras.

 

(La pena del niño es piedra

sobre la vida estancada.)

 

III.

El niño llegó a la puerta.

Se soltaron las campanas.

En el silencio del templo

cobró vida la palabra.

 

El niño dijo: Maestro.

(La fe desplegó sus alas.)

Ante el asombro del eco

se hizo verdad la palabra.

 

Los hombres andan de prisa.

 

El niño sueña en el alba.

 

(Un maestro, sobre el tiempo,

viste de luz sus palabras.

          Daisy López Nunci

 

 

 

Alegoría para un Maestro

Desde el ayer camino hacia lo eterno,

Yo, palabra de luz sobre el silencio.

Hace siglos que traigo en las sandalias

el polvo de la tierra y de los cielos.

 

_No me trajo la luna para nada;

ni me formó la línea para cero.

Fue un prodigio de luces y alboradas

que me vistió la vida de Maestro.

 

Desde entonces, reparto en las mañanas,

las espigas de sol de los desiertos,

y reparto esperanzas, como panes

y reparto la esencia de los versos.

 

_No me trajo la luna para nada;

ni me haló la montaña para hueco.

Fue un revuelo de pájaros cantando

que me vistió la vida de Maestro.

 

Tal vez nadie comprenda los milagros

de aquel primer Jesús de los desiertos;

pero yo me calcé con sus sandalias

y su túnica arropa mis ensueños.

 

_No me trajo la luna para nada;

ni me libró el estanque para cerco.

Fue un vibrar de emociones y palabras

que me vistió la vida de Maestro.

 

El camino del mundo que hoy recorro,

lo traje del ayer y de otro tiempo.

Mi mano está tendida hacia los niños

que llenan de alabanzas mi Universo.

 

_No me trajo la luna para nada;

ni me puse sandalias para el miedo.

Fue una túnica blanca desde el alma

que me vistió la vida de Maestro.

              Daisy López Nunci