Daisy López Nunci

Poemas  Neo-realistas

 

Libro: Momentos del Hombre de hoy:

(Tres para un poema)

 

(Mención Honorífica de la Universidad Católica de Puerto Rico

 en el Certamen con Motivo de la Celebración

del Milenario de la Lengua Española,1978)

 

Momento 1: El hombre

 

(Voz)

Es una encrucijada

la sangre de tus venas.

Hoy caminas la Isla

entre las multitudes

sin precisar tu huella.

 

(Poeta)

4 puntos definen tu bosquejo de hombre.

4 razas te miran amasar tu carácter

con imprecisa mano.

No encuentras el camino.

Pareces limitado.

 

(Hombre)

Para ser, es preciso ser.

Debemos definirnos.

 

(Poeta)

Juego con tus palabras.

Hoy soy malabarista.

Y sostengo en mis manos

tres esferas que suben:

derecha- centro- izquierda;

tres esferas que bajan.

Y no se cae ninguna.

Mantengo el equilibrio.

¿Hasta cuándo?

 

(Hombre)

Te digo que soy hombre

de un solo pensamiento.

Y me mantengo firme.

Ya vendrá el referéndum.

 

(Voz)

Se adormece la Isla

en un temblor de pájaro que se figura ola.

Detengo las esferas.

Las guardo bajo el tiempo.

 

(Poeta)

Cuando llegue el momento

cada hombre podrá ser un malabarista

y compartir el juego.

                   Daisy López Nunci

 

 

 

Momento 2: El ideal

 

(Voz)

Y fuiste para Lares.

Bien temprano en la noche que cobijó tu día.

 

(Hombre)

Mañana es el momento de recordar a Rojas.

Aunque nadie recuerde

lo que pasó aquel tiempo.

 

(Poeta)

Y Mariana sea solo

una postal

con luz opaca

donde una mano parda

hilvana una bandera.

Un quinqué mira fijo.

 

(Voz)

El siglo diecinueve

lleva un manto sagrado

con una sola estrella.

 

(Poeta)

Pero te fuiste a Lares.

 

(Hombre)

Lares es lo primero.

¡El trabajo al infierno!

No me vengas con cuentos de miedos como techos

sobre cabezas blandas.

¡Que yo soy un patriota!

Y Lares ...

¡Es mucho más que un pueblo!

 

(Voz)

Hoy ...

Mucha gente va a Lares.

La Cámara aprobó que se celebre el Día.

Y después el Senado.

Y aquel Gobernador que se puso de moda.

Hoy tú no vas a Lares.

 

(Hombre)

Por cuestión del trabajo.

Tú sabes ... el ascenso ... y además

me aumentaron el sueldo.

Es una tontería que me mezcle con gente

que no sabe qué quiere.

Y además ...

Lares es sólo un pueblo.

                        Daisy López Nunci

 

Momento 4: El político

 

(Voz)

Oí tu queja ayer.

Se contaron los votos y perdiste el escaño.

Y perdiste las manos,

y los amigos tuyos

aquellos que seguían tu paso dondequiera

recaudando favores;

los que cantaron "jingles"

y pusieron tu imagen en los sitios más altos.

 

(Poeta)

Como pájaro herido

rodaste por el suelo.

Me recordaste entonces las hojas del otoño,

resecas y sin vida,

que cuando sopla el viento

se van por los desagües.

Yo no te dije nada. Cada día va en aumento

la pila de palabras que amontono en mi mente.

Son como un cáncer viejo.

 

(Voz)

Y lloraste.

Tu soledad sin votos.

Tu tiempo sin discursos.

Tu imagen sin pasquines

y tu mano sin gentes.

 

(Poeta)

No supe qué decirle a tu llanto político.

Yo no sé de estas cosas.

Hace tiempo que miro y no sé lo que  veo.

 

(Voz)

Tu cuerpo es la derrota

que se sacude a veces

esperando otro tiempo.

 

(Poeta)

Tu política duerme en el músculo inquieto

de pensador de piedra

que se muerde por dentro.

                             Daisy López Nunci

 

 

 

 

Momento 6: La urbanización

 

(Voz)

Se realizó tu sueño.)

 

(Poeta)

Eso yo lo deduje

cuando entraste temblando

a aquella vieja casa.

 

(Hombre)

Solo faltan tres cosas:

las tarjetas sociales,

la bendición del cura

y ponerle las rejas.

 

(Poeta)

Yo no soy de este tiempo.

Lo sé porque otro siglo se ahueca en mi cabeza.

No es que sueñe un bohío,

ni una hamaca taína.

Es algo indefinible

como sombra desnuda que se plasma en el techo

cuando el insomnio juega.

 

(Voz)

Te molestó el silencio

cargado de palabras

que baja de los campos cuando mi sombra llega.

Pateaste el arco iris

que las tizas del niño,

trazaron en la audacia

de tu pared tan nueva.

Amontonas recibos de 30 largos años

que es quizás el promedio de nuestra vida médica.

 

(Poeta)

Yo no soy de este tiempo.

Me ajusto a los instantes.

Aprieto los tornillos de mi emoción dispersa.

Debo ver un psiquiatra.

 

(Voz)

Afuera el niño aprende las gentes que transitan

por su infancia primera.

¡Son tan grandes sus ojos!

Apresan condominios, cementos y cristales,

cartones comprimidos que simulan madera.

Es algodón la mano que sacude las rejas.

 

(Poeta)

Descompongo los años.

Aleteo las paredes que sudan las tristezas.

Se desnucan los sueños.

 

(Voz)

Vivo de realidades.

Me protegen las rejas.

                    Daisy López Nunci

 

 

 

Momento 9: El defensor

 

(Voz)

El grupo te seguía.

Defendías sus derechos.

 

(Poeta)

Es inútil que a veces quiera contar aplausos

después que han terminado.

Porque ya solo viven

en nuestro pensamiento:

-sonidos colectivos que ahuecan el silencio-

que a veces nos envuelve

pegajosos y espeso.

Podría descomponer tu aplauso gigantesco

en partes microscópicas para oírlas a fondo.

Sé que no va a gustarte.

Aquieto los impulsos.

El tic-tac de mi mente se va poniendo lento.

 

(Voz)

Te aferraste al micrófono.

 

(Hombre)

Nosotros no estamos aquí

para pedir limosnas.

Tenemos el derecho de exigir que se escuchen

nuestros justos reclamos.

¡Arriba los obreros!

 

(Poeta)

El Capitolio brilla su mármol secular

bajo el sol de las 2.

Lagrimean las pupilas

el agua ultravioleta

de ojos entrecerrados por agujas candentes.

El sudor

es colecta

de sal

en mármol duro.

 

(Hombre)

¡Qué nos escuche alguien!

Hoy soy representante del porvenir isleño.

¡Justicia para todos!

¡Arriba los obreros!

 

(Poeta)

Hace tiempo que salí a buscar la verdad.

Todavía no regreso.

No analizo a consciencia.

Las verdades resultan mentiras encogidas

y la mentira a veces es verdad que cojea.

La razón se me atrofia.

Creo que se pone vieja.

Mi deducir es lento.

 

(Voz)

Nos volvimos al pueblo.

Con la promesa vaga de un estudio de aumentos.

Protestaron algunos: _¿Para qué hemos venido?

Se mordisquean las uñas.

Mascullan una frase que les calma los nervios:

los reclamos vendrán

si San Juan baja el dedo.

 

(Poeta)

Soy ánfora vacía

que recoge palabras

que caen al fondo oscuro de un agujero abierto.

Las maduro en el barro.

He de hacer un "bon vino"  donde se embriague el pueblo.

 

(Hombre)

Me cansé de esta vaina.

No es negocio el obrero.

 

(Poeta)

El aplauso resuena

en el hueco vacío

de mi cerebro estático.

Las verdades se traban en un túnel estrecho:

se nutren de falacias y verbos descompuestos.

                                      Daisy López Nunci

 

 

Momento 11: La educación

 

(Voz)

Te sientes satisfecho.

Para el hombre de hoy

4 vacas sagradas:

una casa bien amplia,

automóvil del año,

3 comidas al día (sin contar las meriendas)

y aquel televisor

hasta la madrugada

cuando suenan los himnos.

Ya no piensas ni hablas.

 

(Poeta)

Yo soy filosofía que no se ha definido

que no aparece impresa en los libros de texto.

 

(Hombre)

La escuela es la culpable.

No se inculcan valores.

 

(Voz)

Yo llevo muchos años recorriendo los libros

persiguiendo la esencia del ser puertorriqueño.

Veo la certeza incierta de diversos autores

que remiendan programas con ideas del momento

que luego se descosen.

Lo vital se nos queda.

 

(Hombre)

De niño me enseñaron

las 3 Eres mecánicas.

 

(Poeta)

La culpa se me pierde.

Pienso que tú te escudas en palabras trilladas

que caen en la cabeza como paja de caña.

 

(Voz)

Solo falta la escoba.)

 

(Poeta)

Una vez había huertos.

Y niños que sembraban canciones de esperanzas.

Y trazaban con tiza las líneas de sus sueños.

Y estas podían borrarse para empezar de nuevo.

 

(Voz)

Tú pateaste la idea que no dio resultado.

Y luego te arropaste con frío desaliento.

Tu educación se nutre

de gangas y porcientos.

Y llevas desatinos,

proyectos fracasados,

ideas descartadas,

papeles estrujados,

 bosquejos inconclusos,

recibos atrasados,

en el bulto sin libros

con que llegaste al hombre.

              Daisy López Nunci

 

 

 

Momento 12: La agricultura

 

(Voz)

Te paraste en la esquina

con tu ropa de obrero.

Miraste al edificio

donde una fila larga de hombres indefinidos

esperaba el momento.

 

(Hombre)

Me voy a los Estados.

Puedo ahorrar unos pesos.

 

(Poeta)

Hoy los montes resecos se sueñan crucigramas

de surcos sin arados.

La tierra se hace estéril.

La grieta es una queja que sube a las alturas

y nadie la recoge.

El jíbaro es estatua

donde una azada blanca

se entumece en la piedra.

Es quietud el terreno.

 

(Hombre)

Aquí el jornal es bajo.

El sol cansa los huesos.

La culpa es del gobierno.

No estimula al obrero.

 

(Voz)

Tu diploma se duerme en 12 largos años

que una pared sostiene.

Comenzaste con sílabas

y formaste palabras de comprensión mediana.

Aún persiste tu intento.

Lo noto cuando hablas.

Es un nudo el esfuerzo.

 

(Hombre)

Yo estuve 12 anos aprendiendo ...

 

(Poeta)

No escucho tu argumento.

Soy niña y voy subiendo la finca del abuelo.

Era un hombre incansable,

laborioso y eterno.

Como un dios de los montes

con un quehacer sagrado

desprendido del tiempo.

Su azada removía terrones casi idénticos.

Largo,

perfecto

el surco.

Mi asombro se caía al hueco de su mano

que apretaba semillas

como símbolos mágicos.

Y en el surco cerrado temblaba una esperanza

asomada a la vida.

Un día murió el abuelo ...

 

(Hombre)

Salgo a las 9:30.

Nos vamos unos cuantos.

Los conozco a toditos.

Se graduaron conmigo.

 

(Poeta)

Una vez yo escribía poemas a la tierra.

Y al hombre que cantaba su esperanza en el alba.

Y al cundiamor florido.

Y al sembrador isleño.

Aun me queda el coquí.

Rezo ...

Madre Tierra Nuestra ...

                     Daisy López Nunci

 

 

 

Momento 15: La esperanza

 

(Voz)

No cambiarán tus días,

pero algo será nuevo

en tu vida de hombre.

 

(Poeta)

Yo bosquejo otro tiempo

con tus sueños caídos y tus dibujos viejos.

Hoy me figuro ave

de vuelo fracturado

que cicatriza heridas bostezando en el viento.

 

(Voz)

Al eco de las alas

tus palabras recogen

el lamanto partido

de los pájaros viejos.

La canción de la muerte zigzaguea por sus pechos.

 

(Hombre)

Ya probé la derrota

que los demás rodaron

al umbral de mi puerta.

Buscaré otra salida.

 

(Poeta)

Se hace guanín el alba

y se rompe en la frente de la mansa montana.

Chorros de luz descienden

por los rostros cansados

desnudando las sombras.

Mi neurosis se inclina

deslumbrada y absorta.

 

(Hombre)

Aún soy joven y puedo

rehacer mi existencia.

 

(Voz)

Te miras desde afuera.

Descompones errores sobre paredes duras

que asfixian tus empeños.

Empujas los silencios.

Le abres puerta a la vida.

 

(Hombre)

Aún tengo la esperanza.

Me pienso un hombre nuevo.

 

(Poeta)

Yo guardo la canción

que en su flauta de hueso compusiera Atabei.

La desprendo del tiempo.

La derramo en la Isla

para que la recojan los hombres del momento.

Me siento en un piedra que no pudo ser dujo.

Y espero.

¡No me distraida nadie!

He de ver cuando pase

el Mesías borinqueño.

                                 Daisy López Nunci