Escritos Literarios de Daisy López Nunci

 

 

 

 

IDEAS TEOSÓFICAS Y FILOSÓFICAS

PRESENTES EN LA OBRA

 LA  AMORTAJADA

DE MARÍA LUISA BOMBAL

 

 

 

 

 

 

 

I. INTRODUCCIÓN

 

               

 

"Y luego que hubo anochecido, se le entreabrieron los ojos. Oh, un poco, muy poco.     Era  como sI quisiera mirar escondida detrás de sus largas pestañas.

       A la llama de los altos cirios, cuantos la velaban se inclinaron, entonces, para observar la  limpieza y la transparencia de aquella franja de pupila que la muerte no había logrado empañar.

        Respetuosamente maravillados se inclinaban, sin saber que ella los veía.

        Porque ELLA VEÍA, SENTÍA."

                                                                                                                (La amortajada, página 11)

 

 

 

 

     No pretendemos hacer un análisis estilístico de la obra La amortajada de la escritora hispanoamericana María Luisa Bombal; nos proponemos, más bien, abundar en las nociones filosóficas y teosóficas presentes en ella.

     Nuestra tesis, bastante particular por cierto, es que en la novela se vierten conceptos sobre la muerte y la vida después de la muerte, tomados tanto de yogas orientalistas como de teósofos occidentales, entre ellos, Yogi Ramacharaca, Helena Petrovna Blavatsky y Annie Besant.

     La amortajada es una obra sumamente interesante. Nos presenta un personaje principal -Ana María- quien, al momento de iniciarse la obra, ya está muerta. Hay posiblemente la intención de presentarnos lo que comunmente llamamos la vida después de la muerte.

     Lo novedoso de la obra, a un tiempo bastante distante de su publicación original -se publica por primera vez en 1938- radica en que el personaje nos va a presentar todas sus experiencias vitales pasadas, desde su muerte. No nos habla un ser vivo; nos habla alguien que ya ha muerto.

     Para poder entender claramente las diversas situaciones que se presentan, es necesario que expliquemos los conceptos filosoficos-orientalistas que, según nuestra tesis y nuestras investigaciones, dan origen a la obra.

 

II. CONSTITUCION DEL HOMBRE: ACLARACIÓN DE CONCEPTOS

     El primer concepto que debemos aclarar es el de la teosofía. Esta no es otra cosa que la obtención, según nos indica la Enciclopedia Ilustrada Cumbre, de "un conocimiento profundo de la naturaleza íntima de Dios y de las leyes naturales".

     Los teósofos cociben al hombre como un ser constituido por siete principios llamados los siete planos o los siete cuerpos del hombre. Esto se denomina la "constitución septenaria del hombre". Si observamos el diagrama que aparece a continuación, tendremos una idea gráfica de estos siete cuerpos del hombre, de los cuales también se habla en otra de las obras estudiadas en el Programa de Español para duodécimo grado -Los hombres del hombre- de Eduardo Barrios, aunque aquí el enfoque es, más bien, sicológico.

 

CONSTITUCIÓN SEPTENARIA DEL HOMBRE

 

PRICIPIOS SUPERIORES (TRIADA INMORTAL)

ATMA

BUDDHI

MANAS

PRINCIPIOS INFERIORES (CUATERNARIO MORTAL)

                                                                     PRANA                                      KAMA

CUERPO ETÉREO

CUERPO FÍSICO

 

     El primer plano o primer cuerpo del hombre (de abajo hacia arriba) es el Cuerpo físico. Este cuerpo esta constituido por el conjunto de células -moléculas materiales- en el cual se hallan nuestros órganos de sensación: tacto, olfato, gusto, visión y oído; el cerebro, el sistema nerviosos, ...

     El segundo cuerpo o principio lo constituye el cuerpo etéreo (astral) que según muchos teósofos es un puente entre los órganos físicos y las percepciones mentales. Se le conoce como el cuerpo fluídico, el doble, el fantasma, ... Aseguran los yogas que está formado de una materia más sutil parecida a la del espacio. Es un duplicado del cuerpo físico al cual está unido por un hilo fino y delgado.

     El tercer cuerpo o principio se denomina Prana. Segun Annie Besant "Prana es la vitalidad, la energía integradora, que coordina las moléculas físicas y astrales y las mantiene juntas en un organismo definido; es el aliento de la vida en el organismo". Esta energía vital concentrada en el hombre es tan solo una parte de la gran energía universal.

     El cuarto principio, denominado Kama, constituye la naturaleza emocional, el principio más material de nuestro ser; es el conjunto de pasiones, deseos, apetitos y emociones donde el amor y el odio tendrán extraordinarias repercusiones. Este principio es denominado por algunos como el alma animal.

     Estos cuatro principios, denominados el Cuaternario o los cuatro principios inferiores, constituyen la parte material del hombre; son por lo tanto, transitorios y mortales.

     Manas es el pensador, la inteligencia razonadora, muy bien denominado por Annie Besant como la consciencia cerebral. Apuntan los teósofos que la palabra Manas proviene de la voz sanscrita Man -raíz del verbo pensar- y que es lo que comunmente llamamos mente.

     Buddhi es la mente espiritual, llamada por muchos autores "mente superconsciente", "alma espiritual", "Ego espiritual divino", "conciencia espiritual", "luz del espíritu", ... La mente espiritual, afirma el Yogi Ramacharaka, es también el origen de la inspiración de los poetas, artistas, escritores, predicadores y oradores. De la mente espiritual obtiene el vidente su visión y los profetas sus profesías.

ATMA es nuestro Yo Supremo. El rayo inseparable del Dios que está dentro de nosotros. Es la parte más abstracta de la naturaleza del hombre; la chispa divina, el verdadero yo. ATMA es el Espíritu y es por medio del espíritu que Dios se revela al hombre.

     Estos siete planos o siete cuerpos presentes en el hombre como una unidad mientras está vivo, van a tener suma importancia en el momento de la muerte. Indicamos que los primeros cuatro: el Cuerpo físico, el Cuerpo astral, Prana o la vitalidad y el Kama Rupa o cuerpo de los deseos son principios eminentemente materiales y perecederos; por lo tanto sujetos a la muerte.

     El ser que ha muerto tiene que deshacerse de estos cuatro cuerpos, como si fuera quitándose, uno por uno, una serie de vestidos o capas que lo cubriesen. Mientras hace esto, según los orientalistas y los teósofos, ese ser no está muerto completamente. Estudios científicos demuestran que una persona no está muerta cuando cesa de latir su corazón, sino cuando cesa toda su actividad neurocerebral. Es este el preciso momento de la muerte. Partimos de este postulado para interpretar los dos verbos con que María Luisa Bombal nos indica que Ana María aún estando muerta, no estaba muerta: veia, sentia.

 

III. ARTICULACIÓN DE LOS PRINCIPIOS TEOSÓFICOS Y FILOSÓFICOS

     ESTUDIADOS CON DIVERSOS PASAJES DE LA OBRA

 

     Nuestras palabras caerían en un vacío si no pudiéramos ilustrar, con pasajes de la obra, lo que hasta aquí hemos dicho. Asistiremos al momento en el cual la amortajada se desprende de sus cuerpos materiales, después de muerta.

     Sabemos que la muerte del cuerpo físico ocurre cuando, al retirarse la energía vital, los microbios siguen sus propios impulsos.

     "Desde el momento en que el ego desecha el cuerpo físico se disgregan las células faltas de la influencia de la mente y se dispersan en todas direcciones como un ejército desorganizado, atropeyándose unas a otras, se empujan, se arremolinan y hasta luchan entre sí, pues su único objeto es huir de la general confusión." (Pagina 192, Yogi y ocultismo oriental.)

 

La amortajada:

      _¿Dónde creerás que estoy? ¿Rindiendo cuentas al Dios terrible a quien ofreces día a día la brutalidad de tu marido, el incendio de tus aserraderos, y hasta la pérdida de tu único hijo, aquel niño desobediente y risueño que un árbol arrolló al caer y cuyo cuerpo se dislocó entero cuando lo levantaron de entre el fango y la hojarasca?

                             Alicia, no. Estoy aquí, disgregándome bien apegada a la tierra. (Página 49)

    

 

 

      "Cuando sobreviene la muerte, se desorganizan las moléculas y células del cuerpo físico, y se convierten en una multitud tumultuosa, corriendo de un lado para otro, tropezándose sin objeto común alguno, sin autoridad generalmente reconocida. Nunca está el cuerpo con más vida que cuando está muerto; pero está vivo en sus unidades y muerto en su conjunto: vivo como un montón, muerto como un organismo." (Página 197-Nociones de Teosofía)

 

La amortajada:

      Descendía lenta, lenta, esquivando flores de hueso y extraños seres de cuerpo viscoso, que miraban por dos estrechas hendiduras tocadas de rocío. Topando esqueletos humanos, maravillosamente blancos e intactos, cuyas rodillas se encogían, como otrora, en el vientre de la madre.

     Hizo pie en el lecho de un antiguo mar y allí reposó largamente, entre pepitas de oro y caracolas milenarias.

    Vertientes subterráneas la arrastraron luego en su carrera bajo inmensas bóvedas de bosques petrificados.

    Ciertas emanaciones la atraían a un determinado centro, otras la rechazaban con violencia hacia determinadas zonas de clima propicio a su materia.

                              ¡Ah, si los hombres supieran lo que se encuentra bajo ellos, no hallarían tan simple beber el agua de las fuentes! Porque todo duerme en la tierra y todo despierta en la tierra. (Página 41)

      A la hora de la muerte, el cuerpo etéreo se desprende del cuerpo físico y puede verse, entre los clarividentes, como una luz o forma violácea suspendida sobre el moribundo. Luego se desintegra.

     "Cuando el ego desecha el cuerpo en el momento de la muerte, queda revestido del cuerpo astral y de los principios superiores. Recordemos que el cuerpo astral es la exacta contraparte del físico, pero de materia más sutil, invisible a la vista ordinaria, aunque visible por la vía astral o psíquica. Los clarividentes afirman que es un fenómeno muy interesante la salida del ego en cuerpo astral al separse del físico. Dicen que se alza del cuerpo físico como una nube de tenue y luminosos vapor, pero unida todavía al cadáver por un delgado cordón vaporoso cada vez más tenue, hasta llegar a ser invisible aún para la visión clarividente un momento antes de romperse. El cuerpo astral perdura algún tiempo después de la muerte física del hombre, y en ciertas circunstancias es visible a los vivientes en la tierra quienes lo llaman fantasma. A veces, un vehementísimo deseo del moribundo proyecta el cuerpo astral de modo que pueden verlo los parientes y amigos." (Página 193- Yogi y ocultismo oriental)

 

La amortajada:

     "¡Oh, María Griselda! No tengas miedo si sobre la escalinata los perros se han erguido con los pelos erizados; soy yo.

      Secuestrada, melancólica, así te veo, mi dulce nuera. Veo tu cuerpo admirable y un poco pesado que soportan unas piernas de garza. Veo tus trenzas retintas, tu tez pálida, tu altivo perfil. Y veo tus ojos, tus ojos estrechos, de un verde sombrío igual a esas natas de musgo flotante, estancadas en la superficie de las aguas forestales.

     María Griselda, solo yo he podido quererte. Porque yo y nadie más que yo logró perdonarte tanta y tan inverosímil belleza. No tengas miedo, deseo acariciarte el hombro al pasar.    

                           ¿Por qué has saltado de tu asiento? No tiembles así, me voy, María Griselda, me voy. (Páginas 114-115)

 

     Mientras el ego revestido del cuerpo astral abandona lentamenbte el cuerpo físico, se le presenta en visión mental toda su vida pasada en rápida sucesión de escenas, desde la infancia a la vejez. Entonces comprende muchas cosas que le parecían enigmas y descubre el significado de su vida entera. (Página 195, Yogi).

 

 

 

La amortajada:

      Ella empieza entonces a remover cenizas, retrocediendo entremedio hasta un tiempo muy lejano, hasta una ciudad inmensa, callada y triste, hasta una casa donde llegó cierta noche.

    ¿A que hora? No sabría decirlo. (Página 84)

    

 

 

     Al moribundo le parece esta visión un sueño vivido que profundamente le impresiona y cuyo recuerdo aprovecha al alma ulteriormente. Los ocultistas recomiendan que los amigos y parientes que rodean a un moribundo deben mostrarse tranquilos para no perturbarlo con emociones violentas o ruidos que lo distraigan. (Página 195, Yogi)

 

La amortajada:

      ¿Era preciso morir para saber ciertas cosas? Ahora comprende también que en el corazón y en los sentidos de aquel hombre ella había hincado sus raíces; que jamás, aunque a menudo lo pensara, fue realmente olvidada.

     De haberlo sabido antes, muchas noches, desvelada, no habría encendido la luz para dar vuelta a las hojas de un libro cualquiera, procurando atajar una oleada de recuerdos. Y no habría evitado tampoco ciertos rincones del parque, ciertas soledades, ciertas místicas. Ni temido el primer soplo de ciertas primaveras demasiado cálidas.

    ¡Ah, Dios mío, Dios, mío! ¿Es preciso morir para saber? (Páginas 44-45)

     Al momento de la muerte, Prana, la vitalidad, vuelve al Universo, a su fuente de origen.

     "Prana, la parte de energía vital apropiada por el hombre en su estado carnal, habiendo perdido su vehículo, el doble etéreo, el cual, juntamente con el cuerpo físico, se ha separado de su energía directora, tiene ahora que volver al gran receptor de vida del Universo. Así como el agua contenida en un vaso de cristal y sumergido en un estanque se mezcla con las aguas de éste, si el vaso se rompe, del mismo modo Prana, al desprenderse los cuerpos de él, se mezcla de nuevo con la vida universal." (Páginas 211-212, Nociones de Teosofía)

 

La amortajada:

      Una vez más, la amortajada refluyó a la superficie de la vida.

      En la oscuridad de la cripta tuvo la impresión de que podía al fin moverse. Y hubiera podido, en efecto, empujar la tapa del ataúd, levantarse y volver derecha y fría, por los caminos, hasta el umbral de su casa.

     Pero, nacidas de su cuerpo, sentía una infinidad de raíces hundirse y esparcirse en la tierra como una pujante telaraña por la que subía temblando, hasta ella, la constante palpitación del Universo.

    Y ya no deseaba sino quedarse crucificada a la tierra, sufriendo y gozando en su carne el ir y venir de lejanas, muy lejanas mareas, sintiendo crecer la hierba, emerger islas nuevas y abrirse en otro continente, la flor ignorada que no vive sino en un día de eclipse. Y sintiendo aún bullir y estallar soles, y derrumbarse, quien sabe donde, montañas gigantes de arena. (Páginas 142-143.)

     En nuestro cuerpo hay algo que nos une poderosamente a la vida, nuestra naturaleza emocional; el Kama Rupa, el hombre inferior, la naturaleza emocional integrada por el amor, el odio, la envidia, los celos, ... En el caso de Ana María, representando a cualquier ser humano que ha muerto, esta persona puede ser despertada, segun los ocultistas, yogas y teósofos por la tristeza y deseos desesperados de los amigos dejados en la tierra. (Página 214- Nociones de Teosofía)

 

La amortajada:

      "¡No te vayas, Tú, tú ...!

                          ¿Qué grito es este? ¿Qué labios buscan y palpan sus manos, su cuello, su frente?

                          Debiera estar prohibido a los vivos tocar la carne misteriosa de los muertos.

                          Los labios de su hija, acariciando su cuerpo, han detenido en él ese leve hormigueo de sus más profundas células, la han vuelto, de golpe, tan lucida y apegada a lo que la rodea, como si no hubiera muerto nunca.

                         "Mi pobre hija, te conocí arrebatos de cólera, nunca una expresión desordenada de dolor como la que te impulsa ahora a sollozar, prendida a mí con fueza histérica. "Es fría, es dura hasta con su madre", decían todos. Y no, no eras fría, eras joven, joven simplemente. Tu ternura hacia mí era un germen que llevabas dentro y que mi muerte ha forzado a madurar en una sola noche.

                        Ningún gesto mío consiguió jamás provocar lo que mi muerte logra al fin. Ya ves, la muerte es también un acto de vida.

                       No llores, no llores, ¡si supieras! Continuaré alentando en ti y evolucionando y cambiando como si estuviera viva; me amarás, me desecharás y volverás a quererme. Y tal vez mueras tú antes que yo me agote, y muera en ti. No llores ..." (Páginas 115-117)

 

     "Un deseo intenso puede impulsar a la entidad desencarnada a volver espontáneamente hacia los seres sin consuelo que ha dejado en la tierra. (Página 215- Nociones)

 

La amortajada:

      Y ese odio la sacude ahora que oye acercarse al marido y lo ve arrodillarse junto a ella.

      Él ni la ha mirado. Casi instantáneamente hunde la cara entre las manos y desploma medio cuerpo hacia el lecho.

     Largo rato así, inmóvil, parece, lejos de su mujer muerta, considerar algún ayer doloroso, un mundo infinito de cosas.

     Ella siente con repugnancia pesar sobre su cadera esa cabeza aborrecida, pesar allí donde habían crecido y tan dulcemente pesado sus hijos. Con ira se pone a axaminar por última vez esa cabellera castaña, esos hombros.

                     Repentinamente la hiere un detalle insólito. Muy pegada a la oreja advierte una arruga, una sola, muy fina, tan fina como un hilo de telaraña, pero una arruga, una verdadera arruga, la primera.

                    Dios mío, ¿aquello es posible? ¿Antonio no es inviolable? Perdido su objeto, ha decaído de pronto, en ella, el impulso que la erguía implacable y venenosa, dispuesta siempre a morder. He aquí que su odio se ha vuelto pasivo, casi indulgente. (Páginas 110-111)

     "El cuerpo de los deseos, desocupado ahora, es el último de los vestidos transitorios del alma, arrojado y abandonado para su desintegración. (Página 223- Nociones)

 

 

La amortajada:

     A medida que las lágrimas brotan, se deslizan, caen, ella siente su odio retraerse, evaporarse. No, ya no odia. ¿Puede acaso odiar a un pobre ser, como ella, destinado a la vejez y a la tristeza?

                        No, no lo odia. Pero tampoco lo ama. Y he aquí que al dejar de amarlo y odiarlo siente deshacerse el último nudo de su estructura vital. Nada le importa ya., Es como si no tuviera ya razón de ser ni ella, ni su pasado. (Páginas 112-113)

 

 

     Una vez deshecho el último cuerpo material, el ser humano ha sufrido lo que se conoce como la primera muerte, la muerte física y se apresta para iniciar la segunda muerte, el inicio de su vida espiritual.

 

 

La amortajada:

     Lo juro. No tentó a la amortajada el menor deseo de incorporarse. Sola, podría, al fin descansar, morir.

    Había sufrido la muerte de los vivos. Ahora anhelaba la inmersión total, la segunda muerte, la muerte de los muertos. (Página 143)

 

 

 

 

Referencias

 

 

Bombal, María Luisa. La Amortajada. Editorial Orbe, Madrid, 9na. ed. 1973.

Besant, Annie. Nociones de Teosofía. Editorial Orión, Méjico, 1957.

Ramacharaka, Yogi. Catorce lecciones sobre Filosofía Yogi y Ocultismo Oriental.

Editorial Orión, Méjico, 1973.