Daisy López Nunci

7 Principios Universales para Cada Día

 

 

 

 

 

 

Lunes

 

Primer principio:

El pensamiento

 

Todo lo que pienses, con insistencia

y perseverancia, se convierte en realidad.

 

 

 

 

 

 

Al pensamiento se le ha concedido una fuerza

de realización extraordinaria.

"Eres lo que piensas.", dice un viejo adagio.

Y una de las lecturas más interesantes

sobre este tema es el libro El Alquimista

de Pablo Coelho. En su tesis central afirma:

"Cuando quieres alguna cosa,

todo el Universo conspira para que la consigas."

Y se ha comprobado, en laboratorios,

que el pensamiento es una fuente de energía

inagotable que puede mover objetos

a distancia.

(Mi pensamiento es una realidad

que se aproxima.)

                  Daisy López Nunci

 

 

 

 

Martes

Segundo principio:

La alegría

 

Cuando mi alegría se protege

con suficiente optimismo,

autoestima, autorrealización y confianza;

no tiene caídas.

 

 

 

 

 

Para construir mi alegría,

tomé un poco del optimismo de la luz del sol,

un poco de la autorrealización de las montañas,

un poquito de la elevada autoestima de la luna

 y una gota, porque es suficiente con una gota,

de la confianza de Dios.

Y construí una nueva puerta

para la casa de mi mente.

Así, cuando llegue el estrés,

acompañado de dos o tres depresiones,

encontrará tan protegida la puerta de la casa de mi mente,

que no encontrará por donde entrar.

Y lo más probable,

es que se tenga que ir

a casa de alguna de sus viejas amigas:

las depresiones.

(Mi alegría vive en la altura,

y cuando baja, viene de la mano de Dios.)

                               Daisy López Nunci

 

 

 

 

Miércoles

Tercer principio:

El interior

 

Las circunstancias en las cuales vivo por fuera,

son las mismas circunstancias

 en las cuales vivo por dentro.

 

 

 

 

 

J. V. Cerney, afirmaba, con una convicción inquebrantable,

que nunca se mudaría a la Calle de la Obscuridad.

Y jamás lo hizo.

Vivió siempre en la Calle de la Luz.

Creo que aún vive ahí.

Y es que la alegría no florece en la obscuridad;

se multiplica y crece en la luz.

Por eso, cuando empiezo a construir caminos

para mi alegría,

trato de que en el taller de mi mente

haya suficiente luz.

¡No vaya a ser cosa que los caminos

me queden tortuosos y obscuros!

Y comienzo por despejar mi mente,

tranquilamente,

permitiendo que la luz del sol

entre por mi primera ventana.

(Aquella que una vez ubiqué de frente al sol.

Y me reconozco como un ser de luz.

(Yo camino de dentro hacia afuera

y la luz que brilla en el sendero es la mía.)

                                   Daisy López Nunci

 

 

 

Jueves:

Cuarto principio:

La felicidad

 

Mi felicidad jamás descansa en el

 hombro de los demás;

cuando lo retiren, se cae.

 

 

Una de las cosas que aprendí

por el camino que traigo desde ayer,

es a construir mi alegría

y a independizar mi felicidad.

Y es que mi felicidad puede compartir con los demás,

pero no es los demás.

Puede sentir con los demás;

pero no está en los demás.

Puede recrearse con los demás,

pero su íntima y última realización es mía y de mi mente.

Mi felicidad es superior al pequeño momento de alegría.

Tiene substancia de eternidad.

Mi felicidad subsiste

más allá del simple compartir cotidiano.

Así, puedo regalarle a los demás

una parte de mi alegría, pero mi felicidad,

esa que mana de mi Yo superior,

está enraizada con el aliento de Dios y es indivisible.

Cuando los demás quitan su hombro

mi felicidad permanece en perfecto equilibrio.

(Mi felicidad es infinita y en ella caben

las alegrías de todas mis horas.)

                    Daisy López Nunci

 

 

 

 

Viernes

 

Quinto principio:

La prosperidad

 

Cada día me renuevo en la idea

de la prosperidad;

mi mente la recibe con júbilo.

 

 

 

 

La consciencia de la prosperidad hay que crearla,

afirma Connie Méndez.

Y al decir esto, pone de manifiesto una realidad

que todos parecemos ignorar:

que la abundancia

es un proceso de creación mental.

Y para crear la consciencia de la prosperidad,

vamos afirmando, diariamente,

Yo tengo una mente próspera.

La abundancia es parte de mi vida.

Soy un ser exitoso.

Mis ideales son altos.

Hoy, creo y afirmo mi prosperidad.

Y así, estaremos proveyendo a nuestra mente subconsciente,

con las ideas capaces de eliminar las limitaciones

y las actitudes negativas que paralizan.

(Mis caminos gozan de abundancia

física, emocional y económica.)

                       Daisy López Nunci

 

 

 

 

 

Sábado

 

Sexto principio:

El amor

 

Sean bienvenidos, a mi casa del amor,

todos los seres que traen luz

en las manos y en el alma.

 

 

 

 

La construcción de la Casa del Amor, donde yo vivo,

me tomó mucho tiempo.

Y no era cuestión de las paredes

(ya había decidido que serían blancas).

Tampoco era cuestión del jardín:

cultivaría lotos.

No era cuestión de las ventanas

(son las mismas de mi mente);

era cuestión de las sombras.

Y es que en la Casa del Amor,

no deben entrar las sombras.

La luz debe ser total.

Por eso, le encargué a mi corazón

que no dejara entrar a nadie que trajera sombras;

aunque las trajera ocultas.

Pero mi corazón se distrajo

 y las sombras entraron.

Y para sacarlas, tuve que deshollinar, con lágrimas,

mi Casa del Amor.

Hoy no hay sombras.

Afuera, a la entrada, está mi mente, vigilando.

(Mi Casa del Amor

queda cerca de la paz de las estrellas.)

                         Daisy López Nunci

 

 

 

Domingo

 

Séptimo principio:

La paz

 

Yo entro a mi corazón muy suavemente,

para que mi Cristo interior

hable conmigo.

 

 

 

 

 

La paz se asocia con la quietud,

 la tranquilidad y el sosiego.

Es todo aquello que nos traer la imagen serena de Jesús,

orando en el Huerto de los Olivos;

lejos de todo y de todos,

incluyendo a sus discípulos.

Y es que la paz se elabora en el silencio de la mente,

en la quietud del músculo,

en el relajamiento del nervio

y en la dulzura del corazón, cuando está alegre.

Porque para que aflore la paz,

tu cuerpo tiene que preparase

para permitirle a tu Cristo interior,

no sólo salir de tu corazón, sino subir hasta tu mente.

Y desde allí, bajar hasta todo tu organismo, serenándolo.

Cuando tu Cristo interior se unifica con tu cuerpo,

tu mente y tu corazón;

se hace la paz.

Y esta paz, no sólo te aquieta y te serena,

sino que te ilumina totalmente.

(Cuando medito, salgo a buscar la paz;

y a mi regreso, ya soy la paz.)

                             Daisy López Nunci